Uno de los pronunciamientos más escuchados en los últimos treinta años ha sido el del divorcio entre la realidad económica y la de los mercados. Aquello de la Bolsa como termómetro de la economía quedó enterrado hace mucho tiempo. Hoy la Bolsa ofrece al gentío otras consideraciones, como la guerra por el poder económico y financiero en sectores estratégicos como el de la energía y los bancos, en las que el denominado factor político juega un papel exagerado de uno a otro confín. La Bolsa anima, también, a sortear las inversiones que proceden de
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